• En Milonguitas, ¡Qué me van a hablar de amor! dice Miguel Andreis

    Nacido en Villa María, Córdoba, Argentina, Miguel Andreis es el editor de EL REGIONAL Semanario que se edita en la la ciudad cordobesa, cabecera del Departamento General San Martín.

    Con muchos títulos ya publicados, aúna a su tarea de periodista la de escritor. Sus
    cuentos y narraciones encuentran como fuente de inspiración a personajes, hechos y sucedidos villamarienses, muchos de ellos con transfondo de tango. Y éste es uno de ellos:


    DE OFICIO PALANGANERO

    De Miguel Andreis
     
     
    Miguel Andreis, escritor y periodista argentino residente en Villa María, Córdoba, Argentina, con muchos temas en torno a las milongueras


    Petiso, rengo, cara picada y “Palanganero” de oficio. Nadie supo cuándo este hombre rengo llegó a la ciudad. Un rostro intemporal. No existen datos de cómo se relacionó con doña Magdalena, meretriz de uno de los prostíbulos más recatados de la villa. El Rengo, de nombre Eduardo Celedonio Zaragoza, tenía una tonada correntina. La viruela le dejó sus rastros. Se lo conocía como el “cara picada”.



    Bajo, de ojos negros y saltones. Arrastraba su pierna izquierda al caminar. Los rescatadores de leyendas hablan de aquel acercamiento al prostíbulo debido a don Pedrun, el propietario de un coche de plaza o mateo, que arrimaba diariamente clientela que llegaba desde los poblados vecinos, hasta allí, la morada de los placeres.

    La puerta del “negocio” tenía una pequeña ventanilla por donde se espiaba al visitante. Si no estaba entre los reconocidos que frecuentaban el lugar, o su vestimenta carecía de  saco y sombrero, y no lo exponían como un “señor de bien”, Magdalena, estricta en la selección de su clientela, no le permitía el ingreso.
     
     
    El Rengo tenía dos aspectos que le actuaban en contra para ser el “portero oficial”; no daba la altura para observar por la mirilla, se trataba de una puerta antigua y extremadamente alta; pero además no conocía los rostros y apellidos ilustres que por allí llegaban con el sigilo que la sociedad exigía.
     

    La competencia de este burdel –abierto en los primeros años del 1900- era  el de Doña Sara, ubicado en la calle 9 de Julio, que apuntaba a saciar las apetencias carnales de los más pudientes de la villa. Magdalena no dudó demasiado en pasarlo a una de las funciones más degradantes que puede existir para un varón  en un prostíbulo: palanganero.

    Así se definían a aquellos que iban de pieza en pieza, llevando una palangana con agua tibia a la que se le echaba un chorro de Espadol, y la dama de los “servicios”, a modo preventivo, lavaba cuidadosamente las partes pudendas del cliente. También solía usarse el jabón iodado o productos antisépticos. El “usuario” solo se limitaba a observar el movimiento de las manos de la chica que luego secaba pulcramente el territorio explorado.

    Espía de mediciones portentosas

    El Rengo amagaba con alejarse del íntimo recinto, pero solía quedarse espiando desde puntos especialmente preparados. Agujeros en las paredes o cortinas que separaban las habitaciones. Ser fisgón respondía a un motivo concreto.
     
    La dueña -que nunca confió en ninguna de las chicas-, le solicitaba al Cara Picada que les marcara a aquellos concurrentes cuyo sexo saliera de los parámetros de estricta normalidad. Los sobre-dotados. La curiosidad no respondía a una fiscalización morbosa sino a un estricto negocio. Avisada por el petiso con una seña convenida, doña Magdalena se encargaba de lo demás.
     
    Ya con la atención ofrecida, se acercaba al cliente y sonriente le comunicaba “mire, la chica me dijo que usted ‘carga’ bastante,  y preferiría que lo atendiera otra una próxima vez”, pero antes de cerrar el diálogo sentenciaba: “…Señor, venga igual, que de alguna manera lo vamos a arreglar para que se sienta bien”. Le estaba diciendo que en el futuro, debería abonar un plus al precio establecido.

    Obviamente que eso dinero de “sobreprecio” nunca llegaba al bolsillo de las damas. En el mejor de los casos, solo algunas monedas de escaso valor. Lo mismo acontecía con el Rengo, que además, si había algo que lo molestaba y fastidiaba de su ocupación, no era la palangana, sino los preservativos usados que allí se arrojaban. No ocultaba su repulsión por los mismos.

    Cuentan que un gran escándalo, con heridos, que se promovió en el lugar, fue cuando un cochero de plaza, que recibía el uno por ciento de cada cliente que arrimaba al negocio, vaya a saber por qué, se le ocurrió gritarle: “Callate petiso chupa condones”.
     
    Un cuchillo ganó la luz nocturna, y otro y otro. Sangre gritos, “taquería”, hospital y calabozos. Doña Magdalena estuvo a punto de tener que cerrar su comercio. Esa vez, por un pelo, el Petiso, que pasó casi un mes en la comisaría, salvó su trabajo…   Zaragoza, palanganero de oficio, como ningún otro, llegó a conocer el sexo de los hombres más dotados de la villa, que por ese burdel transitaron.

    El final estaba cerca

    Otro dato que se recuerda de este cultor de singular tarea, es que el “Oreja”, un reconocido mecánico, asiduo del lugar, junto con  un próspero comerciante (a la postre político), dos hermanos que incursionaron en la aviación (Hegidio y Bocha);  y otros simpáticos dañinos para quienes las  bromas carecían de límites, no encontraron nada mejor que vaciar la botella de Espadol y llenarla con líquido de frenos.

    El grito del cliente, integrante del Ejecutivo municipal, y presidente de un importante club de la ciudad, se escuchó en varias cuadras, cuando la chica le arrojó un chorro del “desinfectante”.

    Uno de los visitantes lo cargó en su Pleymound y llevó urgente hasta lo de un médico que tenía su consultorio en las inmediaciones de la 25 de Mayo y Corrientes.

    El pene de este referente social,  se convirtió por semanas, en un pedazo de carne amorfo, rojo y ampollado.

    Doña Magdalena, temiendo lo peor, debió tomar una medida ejemplificadora. Echó y de muy mala manera, al pobre Rengo. Lo hizo frente a los clientes que esperaban. Debía correrse el comentario que esa era una casa de tolerancia seria.

    Triste final para el petiso Cara Picada, palanganero por necesidad. No hay datos que den cuenta dónde pasó el final de sus días, ese tipo bajito y algo deforme, que se cansó de espiar la desnudez de los varones que llegaban a lo de Doña Magdalena…

    Lo otro, que esta meretriz pasaba datos de los atributos varoniles a distintas damas de la villa, nunca sabremos si forma parte de los cazadores de leyendas o son datos fehacientes de la oculta realidad…


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    Tango que llega de Argentina, con Orquesta Luis Migliori

    Músico porteño que dirige, desde su bandoneón, un clásico conjunto orquestal argentino de tango, con actuaciones en nuestro país, Uruguay, Ecuador, Chile y Paraguay. Bienvenido maestro Luis Migliori, cultor de ese tango de siempre y para siempre.

    Sabemos que acaba de presentar un nuevo disco, Alucinado, con temas como el que le da título, de su autoría y otros célebres tangos nuestros.
     
    Maestro argentino del tango, Luis Migliori
     
    Allí en Buenos Aires, se lo sabe ver actuando en la Confitería Ideal, el Salón La Argentina, el mítico Café Tortoni o aquella esquina de San Juan y Boedo antigua, la Esquina de Homero Manzi.
     
    Orquesta argentina de tango dirigida por Luis Migliore, bandoneonísta porteño
     

    Aquí lo tenemos con Sergio Ugarte haciendo el tango de Aznar y Leocata “Y todavía te quiero”, actuando en el Torcuato Tasso de Buenos Aires, Argentina… la cuna del Tango... orquesta Luis Migliori!
     
     
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    Tango Argentino dedicado a Milonguita. Un tango para milonguita

    Un Tango para Milonguita, tema compuesto por el Maestro Oscar Roberto Casares,interpretado por el mismo y Andrea Judith Man, en la ciudad de Casale Monferrato, Italia, filmado el 3 de Diciembre 2008.

    Este tema esta incluido en un CD grabado en Buenos Aires que se llama "Tangos & Milongas", la primera version salio grabada en un CD para la Asociacion El Barrio Tanguero de Torino en el mes de Setiembre del 2000. www.casarestango.com a partir de Enero 2009.


     
     
    Desde Italia nos comenta Oscar Roberto Casares:
     
    "UN TANGO PARA MILONGUITA, lo escribí y  grabe en el año 2000.

    El estreno fue en "El Barrio Tanguero" de Torino. Despues lo grabe otras 2 veces con
    cambios en los arreglos,  la última saliá hace cuarenta y cinco días, donde la novedad es que tiene letra escrita tambien por mí.

    Aquí en Italia tengo una actividad de 21 años tanto como músico y como Maestro de Tango junto con mi mujer Andrea Judith Man. Soy totalmente un producto argentino, lo que me enorgullese!!.

    Estudié en el Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo y me perfeccioné con lo mejor de Argentina como Maria Luisa Anido y Monina Tabora (Adolfina Raitzing) y en armonia y análisis musical con Jorge Tsilikas. Fuí Presidente del Círculo Guitarrístico Argentino y creador de las Orquestas de guitarras Buenos Aires Guitarra Ensamble y el Ensamble de Guitarras de la municipalidad de Bariloche y de Cafayate, además de la Orquesta Juan Carlos Davalos de Salta, entre otras cosas.

    Para los lectores de RAIZ ARGENTINA que quieran hacerse con mi CD, tienen que entrar en OSCAR ROBERTO CASARES, seguir las instrucciones y lo recibirán en sus domicilios.

    Para todos nuestros compatriotas de España, esperando ir muy pronto a actuar allí,
    desde Italia los saluda Oscar Roberto Casares"
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    Tango argentino. Milonguita en la versión de Soledad del Valle

    Lo cantó en directo la artista argentina con motivo de la presentación de nuevo disco "Tal vez será su voz", en 2007. Por la calle Chiclana la vemos acercarse a Esthercita. Una vez más podremos deleitarnos con esta creación de Samuel Linnig, que lo escribió para formar parte de una obra de teatro que ni se recuerda ya...


    Pero Milonguita sigue viajando por el mundo en el repertorio de cantores y cancionistas del tango. Ilustra la nota un cuadro del pintor y bandoneonista rosarino Alberto Bono, "Tristeza del Tango".



     

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    Tango argentino. Santa Milonguita, ese otro tango inspirado en ella...

    Este es un Tango de Delfino y Cadícamo. La escuchamos con la Orquesta de Edgardo Donato, cantando Félix Gutiérrez. Una gran versión de un buen tango, nacido al rescoldo de aquella Milonguita de Samuel Linnig, que creó una línea temática muy desarrollada por otros autores.
     


    Sobre Félix Gutiérrez comentemos que ingresa en la orquesta del pianista Manuel Buzón, que participaba en los programas radioteatrales irradiados por las radios Splendid y Prieto. Fue entonces que Edgardo Donato, que intervenía en similares transmisiones emitidas desde el viejo Teatro San Martín, se mostró interesado en contar con su presencia y mientras se acuerda su incorporación es citado por Francisco Canaro para algunos registros discográficos.
     
     

    Con Donato, su debut en el disco, fue una antológica versión de “El huracán”, destacándose también en la interpretación de “La novena” y el entonces festejado “¿Qué hacés, que hacés?”.

    En 1934, se aleja transitoriamente de Donato, para cubrir una ligera dolencia de Ernesto Famá. Vuelve con Canaro. El mismo año llega a la orquesta de Pedro Maffia y deja dos registros fonográficos. Retorna como solista con guitarras por LR3 Radio Belgrano, tiene un paso fugaz nuevamente en la orquesta de Julio De Caro, en el breve tiempo que también estaba Edmundo Rivero.

    En 1938, pasa a ser estribillista de la formación del violinista Mario Azervoni, de estilo bastante parecido al de Juan D’Arienzo, con éste anima numerosos bailes.

    Cuando otros recién están comenzando su carrera o afianzándose en ella, decide retornar a Mar del Plata y es a partir de ese momento que su nombre dentro del medio tanguero comienza a diluirse hasta desaparecer y quedar en el recuerdo de todo nosotros.





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    Tango argentino con Milonguita como protagonista. Chirusa

    Aquí llega el Rey del Compás, Juan D´Arienzo con Jorge Valdes para hacer una de sus grandes creaciones, Chirusa, que trata también el tema de una milonguita porteña. La escribió Manuel "Nolo" López  y la música es del mismo D´Arienzo. Fue creado este tango en 1928.




    Por si quiere cantar este tango, aquí lo tiene:
     
     
    Chirusa, la pebeta del conventillo
    parlaba muy debute con un donjuán
    que con palabras finas y con su brillo
    le prometió quererla con mucho afán.
     
    Confiada en sus promesas, una mañana
    ató todas sus pilchas y se fugó;
    cegada por el lujo, se hundió en la caravana
    y el sucio conventillo le gritó:
     
    ”No dejes a tus viejos, ¡cuidado, che, Chirusa!,
    el lujo es el demonio que causa perdición,
    y cuando estés muy sola y seas trapo viejo,
    has de llorar entonces aquella ilusión.
     
    Cansada de placeres y mala vida,
    enferma y solitaria se encontró,
    pensó en sus pobres viejos que dejó un día
    por locas fantasías de cocó.
     
    Y cuando los recuerdos le dan tristeza,
    rememorando todo lo que perdió
    el alma del convento, hasta su pieza,
    como una voz lejana le recordó:
     
    ”No dejes a tus viejos, ¡cuidado, che, Chirusa!,
    el lujo es el demonio que causa perdición,
    y cuando estés muy sola y seas trapo viejo
    has de llorar entonces aquella ilusión.

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    Milonguita, tango argentino

     

     
     
    Milonguita 
    Tango Argentino
    Letra de Samuel Guillermo Linnig
    Música de Enrique Delfino
    ¿Te acordás, Milonguita? Vos eras
    la pebeta más linda 'e Chiclana;
    la pollera cortona y las trenzas,
    y en las trenzas un beso de sol.
    Y en aquellas noches de verano,
    ¿qué soñaba tu almita, mujer,
    al oír en la esquina algún tango
    chamayarte bajito de amor?

    Es llaman Milonguita,
    flor de noche y de placer,
    flor de lujo y cabaret.
    Milonguita,
    los hombres te han hecho mal
    y hoy darías toda tu alma
    por vestirte de percal.

    Cuando sales por la madrugada,
    Milonguita, de aquel cabaret,
    toda tu alma temblando de frío
    dices: ¡Ay, si pudiera querer!...
    Y entre el vino y el último tango
    p'al cotorro te saca un bacán...
    ¡Ay, qué sola, Estercita, te sientes!
    Si llorás...¡dicen que es el champán!

     

    Cuadro "A fuego lento" de la coleccón del pintor argentino Alberto Bono

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